La Ama Guadalupekoa

Lucio Francesco Saggioro

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Lucio Francesco Saggioro

 

08/10/2013     Si el obispo, que es mi jefe...


La primera pregunta es casi obligada. ¿Cómo acaba un italiano de la región de Venecia como capellán del santuario de Guadalupe? ¿Tenía referencias de Hondarribia y de Gipuzkoa anteriormente?
Soy misionero itinerante desde el año 2009 y he viajado por todo el mundo, ayudando y trabajando en diversas comunidades cristianas, desde Australia y los Estados Unidos a Palestina, Bosnia, China o La India. Cambiaba de lugar cada dos meses. He viajado mucho, siempre junto a un compañero, para probar que lo que dice el Evangelio es verdad: que si vives para anunciar a Jesucristo, Dios te provee de todas las necesidades materiales. Nunca me ha faltado un techo para dormir ni qué comer, siempre me han acogido. Hacía tiempo que tenía ganas de buscar un lugar en el que fuera yo el que diera la acogida a la gente. ¿Mi relación con Gipuzkoa? Cuando hicimos el camino andando de Lourdes a Fátima pasando por Santiago, conocí al obispo monseñor Munilla, que se ofreció para ayudarme, si lo deseaba, en esa nueva misión. En octubre de 2010 recalé en la parroquia de Fátima de Errenteria, donde trabajé muy a gusto con los grupos de tiempo libre, el Gaztedi Txiki... Fue una muy buena experiencia y me llevé un grato recuerdo de Gipuzkoa y de su gente. Luego, estuve un año formándome en Catalunya y ayudando allí a un cura que atendía 24 parroquias en el Pirineo. Más tarde, el obispo me llamó y me ofreció venir a Guadalupe. Ni me lo pensé casi, porque solía venir aquí en mis tiempos de Errenteria y me decía que estar rodeado del mar y la montaña, que me encanta, sería casi como un sueño para mí. Y aquí estoy.

¿Cómo se siente?¿Cómo le han acogido los hondarribiarras?
La acogida ha sido estupenda, ni me lo hubiera podido imaginar así. La gente me para en la calle, me saluda, me pregunta... Desde mis tiempos en Errenteria, tengo el concepto de que los vascos sois una gente muy acogedora y muy cariñosa. Tanto allí como ahora aquí, me siento muy a gusto. Nunca, en ningún otro lugar del mundo, tuve una acogida tan rápida y cálida.

Se ha estrenado en su cargo, por así decirlo, justo en fiestas, con las novenas a la Virgen de Guadalupe y el Alarde y el cumplimiento del voto, el 8 de septiembre. ¿Cómo vivió esos primeros días?
Di mi primera misa en la novena del 31 de agosto a las 8.00 de la mañana, y me impactó ver el santuario lleno a rebosar de gente. Días antes, ya intuía que iba a ser algo muy especial. Veía cómo engalanaban la iglesia con flores y también vinieron a contarme y explicarme todo lo que para los hondarribiarras significa la Virgen de Guadalupe y el voto que le hicieron tras el asedio de 1638. Me ha impactado y emocionado la devoción de los hondarribiarras por su patrona y el sentimiento con el que viven sus fiestas. ¡Calculo que en nueve días habrán pasado 20.000 personas por las novenas! Y ya que la trainera del pueblo lleve el nombre de su Virgen, es algo maravilloso. Además, me hizo mucha ilusión que vinieran incluso amigos de cuando estuve en Errenteria. Me parece muy bueno que se conserven las tradiciones, que son parte de la cultura, y ver que se hace de una forma viva, al mismo tiempo.

¿Qué tal se las apaña con el euskera?¿Qué le ha parecido?
Estuve tres meses antes del verano en Maizpide, el barnetegi de Lazkao, para aprender al máximo. Es un idioma difícil, sobre todo porque no se parece a ningún otro. Yo hablo italiano, francés, portugués, español y catalán y cuando entré allí en abril, en una clase con gente que llevaba en el barnetegi desde octubre, fue enseñarme el nor, nori, nork y querer morirme. Para mí es importante poder comunicarme con la gente también en euskera. En estos meses, he aprendido mucho, incluso en el barnetegi me enfocaron a lo básico de mi tarea, enseñándome cosas relacionadas con la misa, como el Gure Aita. Si al principio lo sufrí, debo confesar que ahora disfruto de seguir aprendiendo y de poder hablar en euskera. Voy al euskaltegi municipal dos días por semana.

¿Tan viajero como es, se ve usted en Guadalupe por muchos años?
Si el obispo, que es mi jefe y el que manda, así lo quiere, espero estar mucho tiempo en Hondarribia. Es una ciudad bellísima y la gente es encantadora y muy auténtica. Eso sí, dos meses al año, seguiré en mis misiones itinerantes. En enero y febrero me marcharé a Brasil, a trabajar allí en otra comunidad cristiana. Creo que mi experiencia aquí será enriquecedora para aquellos a los que serviré allí; y de Brasil y de todos los lugares en que he estado, me traigo vivencias que seguro que enriquecen a los de aquí.

Xabier Sagarzazu
Noticias de Gipuzkoa
08/10/2013

 

02/11/2013     El fraile italiano de Guadalupe


Desde su Véneto natal, una región del norte de Italia, Lucio Francesco Saggioro ha participado en experiencias misioneras en numerosos países como India, Australia, Estados Unidos, Brasil, Angola, China, Palestina, Irlanda del Norte y un largo etcétera. «Después de mucho moverme, para mí era importante tener un lugar donde acoger yo a la gente y compartir lo que he vivido», explica.

Este fraile franciscano, misionero itinerante desde 2009, ha encontrado ese lugar en Hondarribia, en el santuario de Guadalupe. A pesar de que no lleva mucho tiempo, ya se ha dado cuenta de que «suben muchísimas personas, más de las que podía pensar». Por ello, hay días en lo que se dedica a estar más con la gente y otros en los que se centra principalmente en sus estudios y la meditación.

Su idea es «mantener Guadalupe como un lugar de espiritualidad, porque aquí viene mucha gente a rezar. Por ello, la puerta siempre estará abierta para que las personas tengan la oportunidad de pararse a reflexionar y de encontrarse, que no viene mal hoy en día. En el futuro, me gustaría dar cursos para contribuir a que la gente avance en su camino espiritual».

Saggioro no esconde que le ha «impactado» la acogida que se le ha dado en nuestra localidad. «Se me ha recibido muy bien y la gente, cuando me ve por la calle, me para y me saluda con mucho cariño. Incluso me ha ocurrido lo que nunca antes me había pasado, que me pregunten y me pidan alguna explicación más sobre lo que dije domingo», señala.

En ese sentido, el capellán de Guadalupe relata que «hago una homilía que las personas entienden. Son sólo cuatro o cinco minutos, pero que son fruto de horas y horas de meditación y contemplación porque tú tienes que saber lo que le pasa a la ciudadanía, lo que dice de verdad la Biblia. Y estoy muy contento porque lo que explico llega a la gente».

Segunda parada en Gipuzkoa

Saggioro ya había estado con anterioridad en Gipuzkoa. Hace un par de años, residió durante varios meses en Errenteria, donde trabajó con el grupo de tiempo libre de la parroquia de Fátima. Terminó muy contentó su estancia en nuestro territorio y, por ello, cuando el obispo Munilla le propuso la opción de venir a Guadalupe en esta nueva etapa que quería iniciar, no tardó en aceptar.

A este fraile italiano, de todas las experiencias misioneras en las que ha tenido la oportunidad de participar, la que más le ha marcado ha sido la vivida en Calcuta, una ciudad de la India en la que malvive gran parte de su población. «Es una de las vivencias más fuertes porque parece un infierno por el nivel de pobreza y de injusticias sociales que se dan. La primera semana siempre es muy complicada por la adaptación y luego es un reto continuo», confiesa.

Añade que «parte de la población ha encontrado su equilibrio, pero hay un montón de pobres y ves que algo no marcha en la sociedad. Es como una síntesis del mal del mundo y, además, cuando esas personas con pocos recursos empiezan a ganar algo de dinero, se van a comprar un móvil. Es un ejemplo de la locura de la cultura actual».

Durante la conversación, hace referencia a otros dos episodios de sus estancias en otros países. De Belfast recuerda que «la tensión entre la gente sigue estando muy presente», mientras que en Angola se encontró con el final de una guerra civil, una situación que nunca había vivido y que «fue muy duro porque la guerra muestra la locura de hasta dónde puede llegar el ser humano».

Con tanto viaje y estancia en países de diferentes lenguas, Saggioro es capaz de hablar en italiano, francés, inglés, castellano, portugués, véneto -que es su lengua materna- y catalán porque, según cuenta, es muy parecido al idioma de su región. Y a ello hay que sumar el euskera con el que avanza a pasos agigantados.

Estuvo varios meses en el barnetegi Maizpide, de Lazkao, y ahora continúa con las clases en el euskaltegi municipal de Hondarribia. «Al principio es muy complicado. Pensaba que el Nor-Nori-Nork significaba yo, tú, él. La lógica del euskera te hace pensar de manera diferente, porque hay cosas que son al revés, pero eso te ayuda a analizar las situaciones desde otra perspectiva. Mi sueño es sacarme el EGA algún día», dice.

Tatuajes y pelo largo

Este religioso franciscano se sale del estereotipo al que muchas personas están acostumbradas. Luce pelo largo y tiene varios tatuajes en sus brazos que, lógicamente, no se ven cuando viste el hábito, como en la fotografía que acompaña este reportaje. Curiosamente, «los únicos problemas que he tenido por los tatuajes han sido en Italia».

Saggioro es tajante a este respecto. «Soy así porque me gusta ser así», apunta. Y es que en más de una ocasión ha tenido que escuchar que con esa imagen lo que busca es atraer a más jóvenes a misa. En ese sentido, expone que «mi fin no es que la gente vaya a misa, es conocer yo a Jesucristo. Si luego puedo compartirlo con más gente, mejor, pero mi fin no es convencer a los demás porque pienso que cada persona tiene su propio camino».

Como buen italiano, le gusta el fútbol -jugó durante su juventud- y es un «apasionado del mundo del motor». También ha hecho teatro y ha tocado en un grupo de música como guitarrista, un instrumento que nunca ha dejado de lado. A pesar de un tener una vida muy activa en aquella época, «sentía que me faltaba algo. Por casualidad conocí a un fraile que vino a mi parroquia, empecé a conocer a San Francisco y ha sido su figura la que me ha marcado mucho».

En ese momento, la vida de Saggioro cambió completamente su rumbo. Inició un largo camino cuya última parada hasta el momento es Hondarribia. No sabe hasta cuándo estará en Guadalupe. Lo que es seguro es que seguirá, como los últimos años, con «las misiones itinerantes durante dos meses al año para compartir la vida con otra cultura y otra gente, porque ellos necesitan mi ayuda».

En enero y febrero y viajará a Sao Paulo, a una comunidad cristiana que ya conoce, «donde estaré atendiendo a niños a los que además les daré clases de inglés. Allí me encuentro muy a gusto por el sencillo hecho de que la gente pone por delante la relación entre las personas y, para mí, es muy importante. Visto que están en una situación de pobreza, están obligados a buscar lo esencial, la relación con los demás».

Joel Iglesias
El Diario Vasco
02/11/2013